
Pablo L. Medina nació en la provincia de Corrientes, en el norte de Argentina, un una zona rica en tradiciones populares que se entrecruzan con los países vecinos. Se dedicó a la docencia e instalado en Buenos Aires buscó en la literatura infantil un modo de entender su propia infancia, la historia y la vida. Desde entonces ha investigado, estudiado y escrito sobre literatura infantil, sobre la historia de los títeres y sobre varios autores de distintos países de Latinoamérica.
En el año 1975, con una colección privada que estaba formando hace años, crea la primera librería para niños en la ciudad de Buenos Aires. Así nace la Asociación Civil La Nube, Infancia y Cultura, que hoy cuenta con más de 60 mil documentos dedicados a la infancia, entre los que se encuentran revistas, libros, juegos, juguetes, títeres, afiches, grabaciones de cuentos, entre otros. Es un importante centro de documentación e investigación para todos aquellos que se interesan en la infancia. Y para los niños es un entretenido lugar para jugar y leer.
En el marco de la biblioteca en que nos encontramos, que le ha llevado más de cuarenta años formar, podríamos empezar a conversar sobre cómo ve usted la relación que se establece entre el adulto y la literatura infantil, cuál es la atracción que ésta produce en el adulto que lo puede llevar a concretar proyectos como La Nube.
Yo creo que uno repite la infancia, esto es así, uno está retornando siempre en una especie de circuito, esa especie de círculo en el cual uno retorna siempre, me parece que la clave está, en ese sentido, en la vida que uno le da a ciertas cosas, particularmente al hecho de que la infancia ha sido bien vivida, que uno puede repetir en cualquier momento, que es lo que permite este tipo de relación, permite, en realidad, una cantidad de cosas que, yo como persona adulta estoy recreando permanentemente si no me satisface. Soy evidentemente un disconforme, soy un anarquista, eso es cierto, porque así como busco libros, busco juguetes, busco afiches, busco discos, depende, salgo a que el mundo me sorprenda, es decir, yo tengo la sensación, como decía Borges, de que uno está siempre en esta idea de que el mundo lo sorprenda, uno sorprende al mundo y el mundo lo sorprende a uno. Por eso yo no tengo tiempo de aburrirme, no lo tengo, a veces me cuesta salir porque estoy enganchado en un tema. Ahora, por ejemplo, estoy terminando de escribir la historia de los títeres en México y, entonces, estoy enganchado con los personajes, aunque algunos personajes ya los conocía estando en México, no los he visto hace quince anos, algunos más de veinte anos, otros fallecidos y estoy recordando cosas, pues la memoria constantemente recuerda. Me parece que este ámbito del recordar, de recapitular como diría Bettelheim, es el que a uno le permite volver permanentemente. Yo creo que somos personas de recuerdos, de memoria, de evocación. Esto me parece que es lo que me pasa a mí como adulto y por que yo me intereso por el ensayo, por la investigación, por la filosofía, por la ensayística histórica y todo esto tiene que ver con mi infancia porque trato de contar personajes que tienen que ver con esta historia, con la historia de los títeres, la historia de Lorca cuando estuvo en la Argentina por seis meses, aunque ya era un Lorca grande, adulto, pero era un Lorca que estaba siempre refrescándose con la juventud, es decir que siempre estaba abrevando su vida en la juventud. Escribí la biografía de Javier Villafañe, que también es un tipo que vive recordando, o que vivía recordando porque falleció en 1996, pero el recorrió con sus títeres todo el mundo hispano parlante, no hay país de Latinoamérica que no haya recorrido. Ahí esta la clave, sentirse como parte de una historia en la que no hay fractura.
En ese sentido el libro infantil o los juguetes o los títeres pueden considerarse una suerte de concreción capaz de retraerlo a uno a la infancia, pues tienen la característica de no ser sólo memoria, sino de también ser un objeto material que nos ayuda a trasladarnos.
Por supuesto, eso se da al concretar, al armar las colecciones, o recomponer las colecciones, como la que ves aquí, en que encuentras la colección de la editorial Rapa Nui de Chile, pues yo no puedo decir que yo no tenga nada que ver con la historia y la cultura chilena y está muy metida. En un estudio de la historia de los títeres, de 1802, 1804, 1806, encontramos a los titiriteros que bajan por el Pacífico, que son españoles, o que entran por Buenos Aires y se cruzan en Santiago de Chile, como José Cortés “el Romano”, que estuvo allí en 1802, que venía llegando por el Pacífico, y que en 1804 está actuando en Buenos Aires. Entonces, hay una vinculación y con el teatro también. Me interesa mucho la historia, pero no sólo la historia del pasado, la contemporánea también, la vinculación que se produce. También soy un curioso de los juegos populares, los juegos y los relatos recuperados por Yolando Pino Saavedra, hay tres tomos de la Tradición oral popular chilena que fue brillante. Entonces me meto a estudiar un personaje tras otro, y uno me trae al otro, es una cadena, pues en América Latina hay personajes que son tan cercanos entre sí, sobre todo en el folclor, en la tradición oral popular, en el teatro, que en sus comienzos tienen más o menos el mismo origen, en el mismo cine y que circulan de un lado a otro, en Argentina encontramos muchos chilenos, no así argentinos en Chile, haciendo cosas. O a veces pasa al revés, en México hay muchas más argentinos haciendo cosas que mexicanos en argentina. Este es un mundo de viajeros, yo también soy un viajero, nosotros acá en un alto porcentaje somos hijos de dos tipos de migración, la migración extranjera, la europea, y la aborigen, del aborigen nuestro, no el patagónico, sobre todo el guaraní, de la provincia de Corrientes, de donde yo provengo, es muy viajero, llega hasta el caribe y por el sur de la argentina llega bien entrado en la provincia de buenos aires; entonces, creo que se asocian muchas cosas, por un lado la necesidad de contar lo que fue, porque eso da más seguridad, más certeza, para que lo que el hoy pueda tener sustento, para lo que puede venir pueda sostenerse sobre tradiciones sólidas. Nosotros somos tres países que tenemos mucha similitud, Uruguay, Argentina y Chile, en cuanto a su población, hay algunas variantes por supuesto, variantes del tipo nacionalista, de dependencia, de concepción de la vida, de esquemas, pero en general el sustrato de la población es más o menos parecido, por ejemplo, el caso de Margarita Xirgú, actriz catalana dedicada a la obra de Lorca, que comienza trabajando en Santiago de Chile, cuando sucede la gran migración española, luego viaja a Argentina, pero no se queda porque estaba enfrentada a otra gran actriz argentina, Lola Membrives, y termina en Uruguay; sin embargo, toda su obra y todo su quehacer teatral se da en Buenos Aires. Todas estas son cosas que tienen que ver con las vueltas de la vida y eso es lo interesante, que a veces no se encuentra en Europa, es muy difícil ser un latinoamericano en Europa, en Francia o en Austria o en Holanda, pero ser un latinoamericano en Latinoamérica cuesta mucho menos, uno tiene muchas raíces comunes. Lo que a mi me preocupaba cuando yo comencé a hacer esto, primero porque soy un maestro de alma, de muchos años, era tratar de explicarme a mi mismo para qué servía la literatura, cómo permitía vincularme con la vida, yo no lograba entenderme con mis alumnos, entre otras cosas porque provengo de una zona bilingüe, donde se habla el guaraní y español, y de golpe me costó mucho acostumbrarme a Buenos Aires, yo hablaba una parte en guaraní, pero pensaba en guaraní porque en mi casa se habló siempre, donde estamos limitando con Paraguay, con Brasil al norte, toda una confluencia de idiomas y de culturas que hace que uno tenga otra mirada también, otro sentido, y la dualidad es muy importante, como también la comunicación oral. En ese momento me pareció que yo trataba de ayudarme mucho en mi trabajo docente con la literatura, por un lado, y luego, cuando fui padre de mis dos hijos, pues quería darles una visión diferente del mundo y me pareció que la literatura servía para eso. La literatura es como otra forma de contar la vida, una forma diferente porque, además, los seres humanos siempre estamos hablando en función de circuitos, vení que te cuento esto, vení que tengo que decirte algo, te voy a chimentar algo, entonces siempre hay una conversación circular en la lengua, en el lenguaje, en la comunicación y esto era lo que a mi me llamaba la atención, necesitaba explicarme muchas cosas, pues vengo de una región de habladores, donde había muchos vascos, muchos gallegos, muchos andaluces, muchos italianos, son todos habladores, los judíos también, son culturas de la lengua, como decía Roa Bastos. Roa Bastos decía que en la sabana de la zona central de América del Sur, que se expande hasta la pampa argentina, es una cultura de la lengua, de habladores, son más comunicadores, tienen más tendencia a ser verbirrágicos que en la zona de la montaña, donde tienden más a ser observadores, de estar atentos, de tomarse su tiempo para meterse; en cambio aquí, aunque también se mira, se entra y se comunica más rápidamente, entonces la palabra se transforma en el nexo. Bueno, los libros infantiles son para mí la infancia y me permiten explicarme muchas cosas, esa infancia que no pude entender entonces, que no la tenía muy clara, después me di cuenta que también sirve para investigar, para estudiar, le sirve a otra gente, pues la historia de la infancia esta presente allí, y lo que yo intenté ordenar La historia de la infancia, la historia de la infancia a través de la producción cultural, es decir, los libros de lectura, los libros infantiles, los álbumes o libros profusamente ilustrados, las revistas, las publicaciones periódicas, los juguetes, los juegos, la música para niños. Pues todo eso, yo pienso, es fundamental para entender el proceso de una comunidad, de una cultura, de una civilización. Eso es fundamentalmente la postura de un adulto que intentó explicarse muchas cosas y que sigue teniendo puntos muy oscuros que uno no termina nunca de dilucidar, porque si uno termina, se va. Una cosa trae a la otra. Ahora por ejemplo me preocupo mucho de la historia de la comida, como soy cocinero, y de pronto me encuentro con unos libritos sobre la cocina medieval, establezco la relación entre la literatura y la comida. Y así con muchas cosas, los juegos, por ejemplo, pues somos países que tenemos muchas tradiciones en ese aspecto, las culturas de las que provenimos son países ricos en tradición.
Con respecto a esta tradición, tenemos una raíz común en el surgimiento de la literatura infantil en Hispanoamérica, que tiene que ver con la tradición oral popular, sumada a toda la producción proveniente de Europa, recopilada más tarde y llevada a lo escrito. Eso en la raíz común, pero ¿en qué momento cree usted que se produce una diferenciación de la literatura infantil argentina con respecto al resto de Latinoamérica?
Yo creo que no hay mucha diferencia. Acabo de recibir la historia de la literatura infantil mexicana, que son mucho más antiguos que todos nosotros, pero vuelvo a citar a Roa Bastos, que en Las culturas condenadas, donde recopila a varios investigadores, dio la clave y que dice que estas son culturas de la lengua que se diferencian de la cultura inca o azteca, que se arman a través de unas construcciones monumentales; en cambio, todas nuestras culturas se construyeron desde el lenguaje, desde la mitología, por eso si se toma, por ejemplo el libro de María de la Luz Uribe, ilustrado por Fernando Krahn, Doña Piñones, y doña Piñones es la historia de una señora que vive a la vera del mar, cerca de la costa, pero que era una sabia de la naturaleza y ella sabía lo que pasaba en la naturaleza y sabía que cuando venía el viento del mar desde el norte, sur, este u oeste, que se llama el “viento de la muerte” del lado de Chile, había que alejarse de la costa porque de lo contrario el viento con el agua arreciaba y se llevaba todo. Ahora, en general el habitante del lugar, el aborigen no vive pegado al mar porque sabe que cuando sube el agua el mar se lo lleva todo y pasa los mismo con los ríos, si es un río de llanura, por ejemplo. Entonces, del lado de Chile ese cuento se llama Doña Piñones o bien la historia del viento frío del mar y del lado de Argentina se llama el Zonda, es el mito del zonda, la Leyenda del viento zonda y en la gran pampa argentina, en la gran planicie, se llama el Pampero, que es otro mito. Encontramos entonces tres instancias de una misma historia planteada de distinta forma, pero donde el eje central es el viento, la fuerza del viento, el poder del viento, la fuerza avasalladora del viento a través de su expansión. Así como ésta, se puede encontrar en el sur, en el norte y también en el centro, muchas convergencias porque hay muchos mitos que se entremezclan, por ejemplo en la zona de San Juan, Mendoza, Río negro y Neuquén todos los personajes populares de la cultura mapuche, a pesar de que había asentamientos mucho más estables del lado de Chile, porque de este lado fueron eliminados; a pesar de todo sobrevivieron muchos y hoy encontramos una cultura mapuche y, por suerte, se pudo ir cuidando todo eso y sobrevivió. No sé cómo será en Chile, pero sé que hay investigaciones muy importantes dedicadas al tema de la cultura mapuche y tengo libros mapuches. Ha habido recopiladores muy importantes en Chile aparte de Yolando Pino Saavedra, Oreste Plath, por ejemplo, aquí hay colecciones de libros de cuentos de literatura oral que he ido pidiendo cada vez que un amigo va a Chile. Entonces, en este sustrato común, esta cultura de la lengua permite la recreación, por ejemplo, de personajes que se repiten en nuestras culturas, uno de ellos es el de Pedro Urdemales, que ya aparece en Cervantes. Me parece que el tronco de nuestra literatura, a pesar de la migración mezclada de alemanes, ingleses y toda esa yerba de gringos, el tronco que es muy fuerte es toda la tradición es de origen española e italiana, fundamental en nuestra educación y en nuestra formación cultural. Pedro Urdemales, citado por primera vez por Cervantes y luego aparece en nuestra cultura, Pedro que es el urdidor, un tipo hábil que se asocia más o menos al criollismo de nuestra América Latina, al pícaro de nuestra cultura popular, un jovencito que es hábil para sortear la dificultad y salir siempre ganancioso. Este es un tema muy común a nuestras raíces, que aparece en Brasil, Paraguay, Perú, Chile, Ecuador, Colombia, donde es muy citado también. Yolando Pino Saavedra estudio mucho el personaje de Pedro Urdemales. Otro personaje que se repite mucho es el diablo, pero acá se trata de un diablo perdedor, no de aquel diablo “cristiano europeo” al cual está supeditada toda la cultura de la creencia y del sometimiento, acá es un diablo que siempre sale perdiendo, derrotado por el pícaro. Hay otra cosa en todas nuestras culturas que este don para jugar con las cosas, podemos decir que nuestra cultura oral popular es muy lúdica, muy ubicada dentro de la temática del divertimento, de la jocundia, que es capaz de revertir cualquier acontecimiento que le sea negativo y los personajes de nuestra cultura tienen que ver con eso. A partir de ahí también se pueden encontrar muchas diferencias, pero hay más coincidencias que diferencias.
Tenemos aquí un punto en que coinciden la literatura y el juego, se forma el eje literatura-juego-juguete.
Si porque el tronco inicial de nuestra cultura es el mismo, totalmente español, acá ha habido grandes estudiosos, como allá ha habido grandes estudiosos, yo he citado solo algunos, pero hay muchos más estudiosos chilenos en el teatro colonial y todas las épocas del teatro, yo en este momento estoy trabajando con un texto que me mandaron de Santiago de la universidad que es muy valioso para la historia de los títeres porque la historia de los títeres es tan común entre Chile y Argentina, primero por los primeros personajes que aparecen, que son todos españoles, que tienen una continuidad que es la constante. El primero que llega, construye y organiza un primer coliseo en Santiago de Chile es un titiritero, o un volatinero como se le llamaba entonces (en general la palabra titiritero no era utilizada porque no era bien vista, los titiriteros eran ladrones o eran gitanos). El primer volatinero, Joaquín Oláez y Gacitúa, que estuvo en Buenos Aires mucho tiempo y que organizó todo ligado a la Ranchería, que fue nuestro primer teatro, después viaja a Santiago a probar suerte con su hijo y es él quién organiza el primer coliseo en Santiago de Chile. Luego, por deudas y compromisos no lo dejan salir de Chile, pero se cruza en 1802 con José Cortés “el Romano”, que vendría del Caribe, pues entra a Buenos Aires en 1804, justo durante las invasiones inglesas y no puede actuar hasta 1809, cuando terminan las invasiones inglesas. Ese es un personaje en común, toda la historia del teatro es común, así como San Martín es común a nuestras historias. San Martín era de la provincia de Corrientes, como yo, de la zona caliente, se educa en Buenos Aires, de allí se va España, vuelve y actúa en todo América del Sur. Entonces hay muchas cosas comunes, es muy difícil, el lenguaje es el mismo. Hay pequeñas variaciones propias de cada lugar, como la vestimenta, el clima, el río con sus características, el mar con sus características, los vientos, pero la cultura tiene matices que son más vinculares que otra cosa, lo que tiene cada uno de hecho es en rigor propio de cada región y hay diferencia en el sentido que eso da vigencia y originalidad a cada región tanto en la escritura como en la ilustración, en el diseño o en lo que fuere. Además en la escritura impresa, que está editada a través del mundo del diseño y editorial, encontramos más coincidencia. No hay mayores diferencias, por ahí uno actúa como cuidando más lo propio, en el caso mío tuve la locura de construir este espacio, y tal vez por allá no se le ha ocurrido a nadie, pero tendría que ser la función del estado, de preservar el patrimonio cultural; sin embargo, otra cosa en la que coincidimos, que allá tuvieron un gobierno tan terrible como el nuestro y que recién ahora están tratando de poner a Pinochet dónde corresponde. Más allá de estas cosas, creo que lo importante es que hay un retroalimento, no hay una cultura sola, hay muchas culturas que se retroalimentan. En el caso de la literatura siempre hemos tenido mucha influencia, las viejas editoriales como Zigzag, Rapa Nui, Andrés Bello y tantas otras editoriales más siempre han estado circulando material, aquí no diré que tengo todos libros chilenos, pero caminando por las ferias de los parques uno reconoce a una editorial es tradicional, la Editorial Universitaria, que fue muy importante, editó la primera obra de los hermanos Hugo y Enrique Cerda, Teatro de títeres, lo que es muy significativo. Me parece que estas cosas son las que nos permiten encontrar las relaciones y lo que hace que nuestro proyecto sea parecido.
Con respecto a la literatura infantil en particular, aunque relacionada con lo anterior, ¿cómo ve usted la literatura infantil, cuáles son las funciones que le corresponden y cuáles no, cuál sería desde su punto de vista el valor más importante de ella, ya sea en el ámbito de los niños o en el de la investigación?
Voy a retomar una frase que ya dije: la literatura es otra forma de contar la vida, otras formas de historiar un proceso de vida que es diferente del proceso de la historia, es decir contada como Historia. La literatura es más amena que la Historia, más accesible, más divertida que los datos cronológicos o biográficos o esquemáticos. Lo que permite la literatura es una mirada diferente y, me parece, que lo que al chico le puede parecer interesante o atractivo es esta otra mirada. Me parece que la función de la literatura, o la función del mediador en este caso, con respecto a los libros es fundamentalmente un problema del adulto, no del niño, pues el niño, como se puede ver acá, le tirás la idea de jugar y en seguida se sienta a jugar, al que le cuesta es al adulto. Se le propone a un niño entrar en una biblioteca y el primero que lo quiere tocar todo es el niño. Lo ideal sería que el adulto también siga tocando y siga compartiendo ese juego de tocar o manipular un libro, de manipular un juguete. Me parece que las tradiciones se gestan a partir de la mirada del adulto, es decir del modelo, porque el adulto es el modelo, si hay buen modelo lector es posible hacer un niño buen lector, pues siempre he dicho que un buen lector se construye con la complicidad de un adulto, si existe la complicidad del adulto que ponga el libro justo en su momento oportuno, pueda usar la palabra justa, que pueda compartir con el niño cómo construir esa relación, con ese objeto tan particular, complejo y difícil que es la lectura, porque no es sencillo, no es que la lectura es placer solamente, la lectura es necesidad, es posibilidad; como necesidad yo la necesito como el agua y como la comida, es un alimento del espíritu, pero necesito construir ese espacio del alma, que esa necesidad se estabilice. El placer viene después. Esto que todo el mundo dice “el placer de leer”, pues no, es mentira. La lectura es lo más difícil que hay. Estas pregunta para los adultos: ¿quién tiene hoy el tiempo para decir yo me voy a sentar a leer placenteramente? Y es muy difícil hoy, por muchas razones, por tiempo de trabajo, las exigencias cotidianas de la vida, el qué leer, cómo leer, dónde leer. La lectura, cuando se trata del niño, hay que entenderla como una necesidad, de construir el espacio la relación de la comunicación de la historia, y eso únicamente se construye con el libro, con las historias, con los cuentos, con la poesía, con el teatro, con los títeres, con el circo, con la música infantil. Es necesario percibir la necesidad de la cultura, pues la cultura es lo que construye el espacio, el espacio vital de vivir y sentir mejor la vida, sentir que vale la pena y gozar la vida; sin embargo, para llegar a eso hay todo un trabajo, hay toda una exigencia, no se trata sólo que yo salgo y miro el paisaje y disfruto, pues para mirar el paisaje yo también debo entrar en los matices del paisaje. Si voy a ver un cuadro a un museo no veo todo a la primera mirada, no, tengo que someterme al rigor de la mirada, donde voy viendo fragmentos, porciones, momentos, instancias según mi espíritu y según cómo esté, entonces qué influye más en la mirada del cuadro el color liso o el color verde o el color azul. Ahí está la clave, en el adulto como ejemplo lector, cómo modelo lector. Si una sociedad no se preocupa de todo esto... y bueno, esto es una cadena de situaciones: ¿Dónde se hace el lector? En la casa; ¿Quiénes son los primeros que tienen que preocuparse? Los padres, que son los modelos naturales, y si así no funciona, si ahí no se mira el diario, no se ve un buen programa de televisión, no se hace crítica a la radio, a la televisión, a la música, no se conversa en la mesa, si en vez se sienta a la mesa y enciende el televisor ¿y bueno? ¿entonces qué se quiere? ¿cómo ese niño va a conversar si no tiene vocabulario? ¿cómo se construye el lenguaje? Mire ¿qué es lo que tiene el niño de chiquito? Es el misterio del gateo y que de golpe se paró y se puso a caminar, y de golpe maullaba dos palabras y pasa a construir toda una suerte de palabras que nos dejan sorprendidos ¿cuál es el misterio del lenguaje? Bueno, el lenguaje es misterio, justamente. Todo lo ligado a la lingüística, a la construcción de la lectura, es todo un misterio. Se debe ir descifrando en porciones, en momentos, en instancias, en situaciones. Hay que meterlo en el conflicto, en la trama, hay que construirlo con el chico, el chico no se hace solo, no levantó la vista, le cayó el libro y ya lee. No, mentira. No es placer. Antes del placer está la necesidad y después de la necesidad hay que ver la posibilidad que tiene el chico de entrar a ese complejo mundos de signos y de combinaciones fónicas y sónicas. ¿Y qué requiere? Disciplina, orden, paciencia, madurez y todo eso hay construirlo con el chico, y resulta más fácil ponerle un televisor o una computadora para teclear, pero lo importante es que maneje lo otro, el ordenador, como verdaderamente se llama, ordenador y la complejidad de esta trama del texto, pues lo divertido va a ser cuando él pueda transferir esto (los libros, la lectura) allá (el ordenador), porque aquello sin esto no sirve, ahí está la magia, que el chico pueda ordenarse con el ordenarse con la computadora todo este maravilloso conocimiento que está dado a través de los libros y la cultura humana ¿y dónde está la cultura humana? En los libros, en la tradición oral.
Entonces ¿quién es para usted el escritor para niños? ¿qué características reúne?
El escritor para niños es aquel adulto que logró encontrar la fórmula de todo maravilloso mundo de la infancia y que todavía permanece en él. Andersen, por citar un caso, está constantemente recreando y contando su infancia. Es su autobiografía él dice esto, que permanentemente está evocando. Además él era un gran viajero, le gustaban los títeres, le gustaban las sombras chinescas, venía de un mundo mágico y eso se repite. Yo creo que un escritor adulto que escribe para niños adultamente, es decir el que escribe respetando los valores del niño, sus sentimientos, sus necesidades, sus carencias, sus apetencias, es aquel escritor adulto, es aquel adulto que logró conservar la frescura de un niño, la plenitud del niño, la magia del niño que está dentro del adulto.
¿Tal vez se trate de un adulto que mantiene ese inconformismo del niño?
Y no sólo eso, eso es sólo un capítulo, pero la inquietud, la perseverancia. Un niño que quiere descubrir algo, uno le da un juguete muy armado y de golpe resulta más llamativo la caja del libro o el paquete con que fue envuelto, pues ahí está la magia: descubrir, encontrar, buscar, bucear, meterse. Eso tiene que tener la lectura, eso tiene que tener el escritor, la provocación porque si no es así no es interesante, no llama la atención, no preocupa, no gusta, me hacer perder tiempo. Un lector, verdaderamente un lector apunta a aquel libro que él necesita, que le sirve de alimento, es un alimento más, como comer una porción de torta, tomar una bebida. Eso además de toda la complejidad que implica el manejo de los signos y los símbolos. La clave está en un adulto que verdaderamente es amante de la infancia que tiene en su interior y que con esos elementos puede sentarse a reproducir las fórmulas que quiera a través de la construcción de historias porque en esas historias va repitiendo cosas, las instancias y los momentos de su vida, y así se construye a sí mismo. En guaraní, en mi pago, se usa una frase que sintetiza todo esto:
“Ayerecó cuaja catú chamigo”
“Aprender a ser uno mismo”
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