viernes, 17 de junio de 2011

Hongos mágicos en un bosque al lado del mar

Estos dos hermanos habían ido con su familia a acampar a alguna playa extensa y fría del Pacífico sur. Los padres armaron las carpas y encendieron una fogata para calentarse mientras tomaban vino navegado con los otros miembros del grupo (el vino navegado es un vino tinto que navega al calor con cáscaras de naranja; o bien, quiere decir que las cáscaras de naranja navegan en el fluido caliente). Los niños empezaron a aburrirse mucho porque los adultos decían cada vez más tonteras a medida que entibiaban el cuerpo con el vino, así que decidieron, como siempre, jugar entre ellos. El mayor propuso jugar a la guerra (hace poco había visto una película de ésas) y el bosque que había un poco más allá se prestaba muy bien para escondersr y hacer barricadas. La más chica prefería un juego en que intervinieran princesas rebeldes o, al menos, animales que hablan y son una suerte de súper héroes, como Master Mordisco o Súper Cat. Les tomó un tiempo llegar a un acuerdo que básicamente consistía en la mezcla de los dos. Se fueron, entonces, al bosque que estaba bastante iluminado para ser de noche. Jugaron muchísimo tiempo y no vamos a describir los detalles del juego que cada uno de nosotros se puede imaginar a su modo. Tal como como todos sabemos, cuando nos movemos y estamos muy entretenidos, el tiempo pasa muy rápido y sucedió que de pronto tenían una sed y un hambre como si no hubieran comido nada en un día entero. Lo primero que hicieron fue tomar el agua de un arroyo: se veía límpida y no tenía sabor. Luego buscaron qué comer y encontraron hongos al pie de los árboles. El mayor observó que podían ser venenosos, pero la más chica refutó que una babosa se comía uno de ellos, por lo tanto no podían ser venenosos. El hermano estuvo de acuerdo con la lógica y empezaron a comer los hongos. Sin embargo, los hongos tenían un efecto particular que podríamos asociar con la velocidad de la luz: en primer lugar, era posible viajar cualquier lugar en fracción de segundos y "cuaquier lugar" significa tanto otros países como otros planetas y también otras épocas en el futuro o en el pasado. Eso puedo ser tan entretenido que naturalmente cualquiera se hubiese olvidado de los padres tomando vino en la fogata. Otro efecto de la velocidad de la luz es la dilatación del tiempo, esto quiere decir que para quienes viajan a esta velocidad el tiempo no pasa; en cambio para quienes se quedan quietos, sin moverse, como quien dice vegetando, el tiempo pasa muy rápido (aunque ellos sientan que, en realidad, el tiempo no pasa), o sea, que envejecen mientras los que viajan se mantienen jóvenes, como el caso de nuestros niños. De modo que los dos niños se entretuvieron tanto que casi no pelearon. A veces el mayor quería terminar el juego puesto que, siendo mayor, sentía una cosita como responsabilidad con los padres, quienes se podían preocupar porque no aparecían, pero la más chica le argumentaba que no había pasado ni una hora. Así le parecía también al mayor. Al cabo de unas tres o cuatro horas decidieron volver a dormir al campamento. Salieron del bosque y las cosas estaban muy raras: era un hermoso aunque frío día de primavera y no había nadie en la playa, salvo una casita al borde del bosque llena de velas y flores. Y es que en las cuatro o cinco horas que los chicos jugaron en el bosque de los hongos mágicos, afuera habían pasado algo así como setenta o más años: lo padres esperaron muchos años a que estos dos hijos aparecieran, inútilmente. Al final, los dieron por perdidos, tuvieron que seguir con sus vidas y, para esta época, ya habían muerto de viejos.

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