sábado, 3 de septiembre de 2011

La vieja

A los pies del volcán el jorobado vivían tres huérfanos. Nadie, en el pueblo cercano, sabía cómo habían llegado hasta allí, simplemente aparecieron en una cabaña abandonada de una noche al día siguiente.
Una mañana, el menor de los hermanos salió a los lindes del bosque que rodeaba el volcán a buscar moras y otros frutos. De pronto, entre los arbustos pinchudos, se le apareció una anciana con un canasto lleno de moras negras, la mujer más vieja que él hubiese visto. Se saludaron.
"Esta señora debe de tener más de cien años", pensó mientras la observaba. La anciana le contestó, como si lo hubiese escuchado:
– Más de mil, más de mil años tengo y pienso vivir mil más.
Eso, el niño no se lo creyó, pero no quiso discutir para no faltarle el respeto. Luego se despidieron, el niño bajando a la cabaña, la anciana adentrándose en el bosque.
Una vez en la casa, durante el almuerzo que había preparado la hermana mayor, el niño contó lo que le había sucedido en el campo de moras. El hermano lo encontró muy extraño y la hermana, imposible.
A la mañana siguiente, el hermano fue a buscar moras y se encontró con la vieja, medio camuflada entre las moras con su traje negro y el pañuelo verde. Se saludaron.
"Si esta señora tiene más de mil años ¿dónde ha vivido todo este tiempo?", pensó mientras la observaba. La anciana levantó la cabeza de entre los arbustos y le contestó:
– Mil años, más de mil años llevo viviendo en este mismo bosque y pienso vivir otros mil.
Eso, el niño no se lo creyó, pero no le contestó para no faltarle el respeto.  Luego se despidieron y cada uno tomó su camino.
En casa, el chico contó lo que le había pasado en el campo de moras. El más pequeño lo miró sorprendido y la hermana dijo que era imposible.
Al día siguiente, la hermana quiso ir al campo de moras a ver si encontraba a la vieja. Llenó su canasto de moras, pero no la encontró. Al llegar a la cabaña les dijo a sus hermanos que la historia de la anciana no era más que una mentira.
Los dos hermanos, un poco ofendidos, decidieron que debían ir los tres para probarle a la hermana que no era una mentira. Así que, al día siguiente, a la misma hora, arrastraron a la niña hasta el campo de moras. Y allí estaba la anciana esperándolos y, como de costumbre, los chicos la saludaron, pero la hermana no vio nada.
– Yo no veo nada, ustedes me quieren engañar hablándole al aire– y dando media vuelta bajó a casa.
Los dos niños la miraron sorprendidos bajar por los cerros, pensando "¿por qué no la ve?". La anciana, entonces, les contestó:
– Hay quienes no pueden verme. Hay quienes no pueden ver ciertas cosas porque la edad se los impide, a medida que crecen, menos ven.
– Usted ¿vive en el bosque?– preguntó el más chico.
– Sí ¿quieren venir?
Los dos niños no se atrevían, pero no quisieron negarse para no faltarle el respeto y, tomándole las manos, la siguieron al interior del bosque.
Mientras, la hermana, que había llegado a casa, preparó el almuerzo y se sentó a esperarlos, hilando la lana de sus ovejas. Y así estuvo esperándolos, mil años estuvo, y los hermanos nunca regresaron.

No hay comentarios: