jueves, 7 de julio de 2011

El gato astral

Esta historia la encontré entre algunos documentos que recolecté para un trabajo sobre fotografía:

El 1 de abril de 1889, en un periódico científico dedicado a la divulgación de los diversos avances de la ciencia y tecnología de la época se cuenta que en el Club de fotógrafos de un pueblo llamado Alcalde, en un lugar de Estados Unidos, el prestigioso investigador Jordan reunió siete personas que sentían especial atracción por los gatos, al igual que él mismo.

En este Club, el doctor Jordan y un fotógrafo habían creado un sistema que permitía fotografiar los pensamientos. Ésta no era una idea del todo novedosa. Antes que ellos, muchos científicos de Alemania, Francia, Inglaterra, Italia, Japón, de los que se sabe y ha quedado registro, ya estaban experimentando con lo que podría llamarse la mentalofotografía, si quereremos darle un nombre, algunos incluso prescindiendo de la cámara: simplemente se miraba una placa fotográfica en plena oscuridad por varios minutos concentrados en una imagen o recuerdo para que, al revelarse, la imagen hubiese quedado impresa en esta placa.

El doctor Jordan, convencido de que ésta era una más de aquellas experiencias, tenía otro propósito: quería capturar la verdadera esencia del gato, no cualquier gato, no un gato en particular, si no la única y verdadera idea de gato que tiene el ser humano, el gato astral. Por eso, entre otras cualidades, como la capacidad de concentración y un "aura" especial, los voluntarios para el experimento tenían que ser amantes de los gatos.

El doctor Jordan y su fotógrafo reunieron a las siete personas en un cuarto oscuro y conectaron sus ojos, mediante electrodos y una variedad de cables, a una cámara fotográfica (de esas antiguas, imagínense) con una placa senbilizada en ella, como si fueran a tomar cualquier fotografía. Una vez todos conectados, en plena oscuridad y silencio, el doctor Jordan le pidió a sus voluntarios que se concentraran en la idea gato. Oscuro, silencioso, más de veinte minutos cada uno pensó lo mejor que pudo sobre la idea de gato.

Después, tanto el doctor Jordan como el fotógrafo fueron a revelar la placa fotográfica. Jordan hace una detallada descripción de la fotografía obtenida, ya que ésta no se publicó junto con el artículo en cuestión. Era evidente al observar el resultado, dice, que cada uno de los voluntarios pensó en un gato diferente (no vamos a dar sus nombre para no alargar la historia con datos no comprobables): uno imaginó un rostro en primer plano con unos enormes y largos bigotes grises; otro pensó en un gato de tres colores de perfil; una de las mujeres vio en sus pensamientos un gato de medio costado con un collar, mientras que una chica de 17 años lo pensó enrollado sobre sí mismo.

El resultado, concluye el doctor Jordan, no fue del todo satisfactorio, puesto que, como se puede desprender de la descripción de la fotografía, lo que se obtuvo fue una suerte de collage cubista de todos los pensamientos de los voluntarios y no la idea general, única y verdadera que el ser humano tiene del gato. Nunca se puso en duda que se hubiera podido fotografiar los pensamientos ni, tampoco, de que existía la posibilidad de que no hubiera una verdadera y única idea de gato.

Al final de su artículo, el doctor Jordan anuncia que la próxima experiencia con el mentalofotograma será la de registrar los pensamientos de gatos voluntarios para saber cuál es la idea que ellos tienen del ser humano.

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