Un pescador que vivía frente a la playa en Isla Negra, sobre una pradera que miraba al océano Pacífico, donde podía oir las olas reventar en las rocas y oler el yodo en la brisa marina, todas las noches de luna llena quedaba fascinado por el canto de una criatura desconocida.
Una de estas noches de luna llena, una noche especialmente helada, con un viento fuerte que levantaba enfurecido altas olas que rompían con dolor en las rocas, el pescador escuchó un extraño ruido sobre su cabaña, como si un volantín volara perdido y golpeado en el cielo. Tanto ladraba el perro del pescador, que decidió salir a ver qué sucedía. Vio sobre su cabaña un cometa que era llevado por el viento de un lado a otro. El pescador, sin embargo, no estaba seguro de que fuera un volantín porque lo veía a contraluz de la luna llena. Subió, entonces, por las rocas hasta el tejado de su cabaña para ver mejor. Una vez arriba comprobó que no se trataba de un volantín, sino de una criatura atrapada por el viento.
El pescador bajó a la cabaña a buscar una frazada para atrapar a la criatura, lanzó el paño de lana sobre ella y ésta cayó en la arena, en el pequeño patio florido del pescador. Al sacar la frazada el pescador vio a una sirena.
- Por favor, devuélveme al mar- le rogó la sirena.
El hombre no podía ni reaccionar ante la visión de esta criatura fantástica.
- Por favor, devuélveme al mar- repitió.
Al pescador, que no se atrevía a tocarla, se le ocurrió que podría ganar muchísimo dinero con semejante ser vivo.
- ¿Cómo es que una sirena vuela?- le preguntó.
- No vuelo. Como cada noche de luna llena salí a cantarte, pero entonces el viento me atrapó por mis aletas, tan grandes como alas, y no me quería dejar ir hasta que tú me salvaras. Por favor...
Una de estas noches de luna llena, una noche especialmente helada, con un viento fuerte que levantaba enfurecido altas olas que rompían con dolor en las rocas, el pescador escuchó un extraño ruido sobre su cabaña, como si un volantín volara perdido y golpeado en el cielo. Tanto ladraba el perro del pescador, que decidió salir a ver qué sucedía. Vio sobre su cabaña un cometa que era llevado por el viento de un lado a otro. El pescador, sin embargo, no estaba seguro de que fuera un volantín porque lo veía a contraluz de la luna llena. Subió, entonces, por las rocas hasta el tejado de su cabaña para ver mejor. Una vez arriba comprobó que no se trataba de un volantín, sino de una criatura atrapada por el viento.
El pescador bajó a la cabaña a buscar una frazada para atrapar a la criatura, lanzó el paño de lana sobre ella y ésta cayó en la arena, en el pequeño patio florido del pescador. Al sacar la frazada el pescador vio a una sirena.
- Por favor, devuélveme al mar- le rogó la sirena.
El hombre no podía ni reaccionar ante la visión de esta criatura fantástica.
- Por favor, devuélveme al mar- repitió.
Al pescador, que no se atrevía a tocarla, se le ocurrió que podría ganar muchísimo dinero con semejante ser vivo.
- ¿Cómo es que una sirena vuela?- le preguntó.
- No vuelo. Como cada noche de luna llena salí a cantarte, pero entonces el viento me atrapó por mis aletas, tan grandes como alas, y no me quería dejar ir hasta que tú me salvaras. Por favor...
El pescador se quedó un momento en silencio, pensando. La brisa de las olas que reventaban contra las rocas lo estaban empapando. Miró muy detenidamente a la criatura y, entonces, por fin, decidió devolverla al mar.
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